Todas las personas adultas y sobre todo los profesores, debemos tener siempre presente que no enseñamos con nuestras palabras, con nuestro discurso sino con nuestra actitud, con nuestro ejemplo.
Somos el espejo en el que se miran nuestros alumnos. Por muy mayores que nos parezcan, siguen siendo niños.
Eduquemos con el ejemplo.