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LA MUDANZA


La escalera olía a orines. A pesar de la bombilla sucia y rala, que proyectaba una luz exigua, los desconchones de la pared eran visibles y descorazonadores. No había ascensor. Tuve que subir a pie hasta el cuarto piso. Y al olor a excrementos fueron sumándose otros en cada planta hasta completar un hedor de pucheros, de humedad, de miseria.

Dudé antes de llamar. El sitio no encajaba con lo exótico del anuncio que me había llevado hasta allí. Volví a leer el texto:

Vendo crisálida. Sólo para coleccionistas.
Envoltura de crisálida de mariposa. Vacía. Muy delicada. En buen estado. Colores preciosos, textura exquisita. Posibilidades decorativas o prácticas. Joya de colección. Muy inusual y rara.

No había timbre. Golpeé la puerta con los nudillos. Pasaron unos segundos antes de que un rostro de mujer se asomara, cauteloso, por la puerta entreabierta. Tenía un ojo amoratado. Sonreía.
-¿Sí?
-Vengo por lo del anuncio. La crisálida… -esgrimía frente a mí el trozo de periódico, torpemente, como acreditando mis palabras.
-Ah –con voz dulce-. Claro.
Abrió la puerta un poco más, se movió a un lado y apareció de nuevo, dejándome atónito.
-Es ésta. ¿Tiene dónde transportarla? Verá, me mudo y hay cosas que ya no necesito. Esto es algo de lo que quiero deshacerme –sonrió y, sin esperar respuesta, me tendió aquella cápsula enorme, tan alta como yo mismo. De pronto me vi sujetando un capullo de seda descomunal, de apariencia alarmantemente frágil a pesar de su tamaño. Con un guiño me despidió, sin aceptar ninguna oferta por mi parte, aduciendo que yo le parecía la persona adecuada.

Fue durante un instante casi infinitesimal. Se movió para cerrar la puerta y vi, prendidos de su espalda, reflejos fugaces de luz y transparencias apenas desplegándose en mitad de la penumbra.

Luisa María García Velasco

BRINDIS 8 DE MARZO

Feliz Día
a todas.

Brindemos por ello:
por vuestra liberación.
Porque ya no tenéis que limpiar
solas
las cloacas del mundo.
Porque criáis a vuestros hijos
a la par que sus padres varones.
Porque cuidáis de los ancianos
a la par que sus hijos varones.

Porque se os permite crear
en vez de recrear únicamente.

Porque miráis al frente, de la mano
con el varón de al lado,
en lugar de limpiarle el polvo de los pies.
Porque vuestros caminos tienen
las mismas piedras que los suyos,
ni una más;
los mismos remansos que los suyos,
ni uno menos.

Felicidades.
Después de tantos siglos,
al fin,
en este lapso temporal de nuestra era,
2409,
es hora de celebrar vuestra libertad.

Hicísteis bien sin duda
al abandonar la Tierra finalmente,
viajar hasta nuestra galaxia
y elegirnos como compañeros.

MANIFIESTO 25 DE NOVIEMBRE, I.E.S. VALLE DEL ANDARAX

MANIFIESTO 25 DE NOVIEMBRE, I.E.S. VALLE DEL ANDARAX

Hoy, 25 de Noviembre, conmemoramos el Día Internacional contra la Violencia hacia las Mujeres. Todos sabemos lo que eso significa. Todos hemos oído hablar del infierno por el que pasa una mujer maltratada. Hoy, sin embargo, aunque parezca extraño, no vamos a hablar de mujeres sino de hombres.

Cuando se habla de maltrato hacia la mujer se tiende a generalizar demasiado, y se da al maltratador un protagonismo que no merece. Por eso queremos que los protagonistas de hoy no sean, por una vez, los descerebrados ni los cobardes; ni los violentos, los enfermos de ira y de resentimiento, los locos, los asesinos.
Hoy vamos a hablar de los hombres de verdad. Los que merecen llamarse así con todas las de la ley y por mérito propio. Los verdaderos hombres, los que deben ser modelo para las generaciones futuras, los que van abriendo camino hacia la razón y el sentimiento, hacia la coherencia y la justicia.

Hoy, desde el I.E.S. “Valle del Andarax, queremos destacar el valor de los hombres que escuchan en lugar de gritar; de los que acarician en vez de dar una bofetada; de los que consuelan en ver de inspirar miedo. Porque el hombre de verdad es el que entiende que tener pareja no es poseerla, sino andar con ella el camino. Paso a paso, mano a mano y a la misma altura, apoyándose en el otro cuando estás cansado y viceversa.
El Hombre con mayúsculas no nos corta las alas: nos las da. No nos limita: nos enriquece. No nos prohíbe cosas: nos alienta a hacerlas; no nos carga de responsabilidades: las comparte. Entiende que hombres y mujeres somos diferentes sin que eso signifique que nadie sea mejor que nadie.

Bravo por los hombres que se colocan sin miedo a nuestro lado para mirar adelante. Bravo por aquellos que nos aman en lugar de temernos. Porque la violencia nace del miedo. Miedo a perder el control, el poder en definitiva. Los maltratadores son, sobre todo, cobardes.

Este manifiesto es un canto a la valentía de muchos de los hombres que nos rodean y que realizan una labor inestimable simplemente con su ejemplo. Sus palabras, sus gestos, sus actos, los convierten en modelo a seguir. Queremos agradecerles esa andadura silenciosa que poco a poco va minando la intolerancia y la barbarie y animarlos a continuar a nuestro lado. Son nuestros amigos, nuestra pareja, nuestros hijos, nuestros profesores, nuestros alumnos, nuestros compañeros. A todos ellos, por ser HOMBRES con mayúscula y dar a esa palabra la dignidad y el respeto que merece, gracias.

Canjáyar, 25 de noviembre de 2008

CRISÁLIDAS

I

Nada.
No eres nada sin él.
Lo fue grabando él mismo a fuego lento
a fuerza de costumbre
sobre tu voluntad
y tu memoria.

Y te arrastras despacio
tú,
una oruga sumisa y cabizbaja
que no sabe de flores
sino sólo de golpes y de miedo.

II

Murieron ya los días de esperanza,
los años
en los que cada noche confiabas
en que vendría el alba
a despertarte de esta pesadilla.

Pero el alba traía rosas moradas
para cubrir tu cuerpo
y deshojarlo
y clavar sus espinas en el alma.

III

¿Qué sabe nadie, hermana,
de esta amargura tuya?
No pusiste un pañuelo en la ventana
ni denunciaste el caso,
resignada al horror por compañero.

Oruga silenciosa
decidiste encerrarte en esta vaina
que te aleja del mundo sin proteger tu suerte.

Crisálida infeliz, envuelta en lirios
que te arropan y duelen
y que escuchan,
sólo ellos,
tu angustia.

IV

Me duele verte pálida,
atrapada por lazos invisibles
de vacío y terror
y de memoria.
Parece que te fueras a ir
desdibujando,
imperceptiblemente,
hasta volverte etérea e intangible.

Yo quiero verte viva,
quiero encontrar pasiones en tus ojos,
amor o furia, o rabia: da lo mismo.
Es mejor ser caballo desbocado
que prisión de silencio.

Yo quiero verte altiva,
decidida a emprender caminos nuevos.
Abre el arcón secreto
donde guardas tu traje de ti misma.
Lúcelo con orgullo,
recuerda de qué fibras está hecho
y maravilla al mundo.

Y cuando como el Fénix
surjas de las cenizas y te eleves
poderosa y capaz,
de nuevo tú,
entera tú, completa,
sonreiré
y admiraré tu vuelo
susurrando: “Recuerda,
no estás sola”.

V

Levántate.
Despierta de este sueño que te ahoga
sin que tú te des cuenta.
Presta oídos
a esa llamada sorda que hace tiempo
dejaste de escuchar,
la voz que se abre paso entre tus miedos
y viene a recordarte
lo que eres.

Levántate, mujer.
Atrévete a mirarte cara a cara.
Descúbrete. Descubre
quién eres y qué quieres.

Y vete desnudando.
Ve quitándote ropas que te asfixian,
que han ido disfrazándote
despacio
a lo largo de horas
y de siglos
hasta hacerte olvidar tu propia imagen.

Y desnuda,
tú misma, tú sin límites,
sal a la calle y anda
y mira y habla y piensa y ve llenando
los espacios de ti.

Ya nunca más crisálida
encerrada en la vaina de ti misma
que entretejieron otros.
Sé mariposa y abre
de par en par la magia de tus alas
que encierran mil matices,
mil reflejos insólitos
(son, todos ellos, tú).

Y vuela.
Vuela lejos
y atrévete a explorar jardines nuevos.

© Luisa Mª García Velasco